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domingo, 25 de noviembre de 2012

Intravagantes: nueva colección de creación literaria en Ediciones Evohé


Otra arriesgada apuesta editorial del grupo responsable de la colección El Periscopio, entre quienes me encuentro, en la Editorial Evohé.



Abrimos hoy la senda de los intravagantes. Los y las. Ellas, ellos. Machetazos. Encuentros. Nadie dijo que hubiera de ser fácil. Sencillamente abrir. Como el que recorta un vano en un muro y caen vergüenzas y lamentaciones y alguien atisba algo más lejos. Quién sabe, otro muro.
Es esta una vía no de escape. Es esta una vía no pecuaria. Es esta una vía no de agua. No sé si tercera o cuarta. O infinita. Una vía de acceso, eso sí, por hacer.
Acceso a nosotros mismos.
Nadie dijo que fuera a ser difícil.
Esto es algo al alcance de todos, pero no de cualquiera.
Requiere de un tiempo preciso. Se trata de una tarea deudora de él. De hasta aquí hemos llegado. A lo más hondo, a lo más centro, a lo más circunvolución, a lo más (sic) biolento. Una biolencia interior, intimísima, que en palabras de Rilke y Stanley Donen, a la postre sea lo más universal.
Arduos, ardidos intravagantes, ellas, ellos, soledades acompañadísimas, nunca áridos, ni siquiera para facilitar un camino.
El camino es la piedra. Una piedra hoy. Y hoy. Siempre una primera piedra. Fundadora y terrestre. Una piedra y otra y otra. Tierra que crece. Y asume.
Y vaga con un esfuerzo de titán que sostiene, en vilo, y eleva su propio cuerpo, su propia tierra de elaborar.
Este es su verdadero trabajo. Este su verdadero placer.
Intravagar.
Paseante, nómada, espeleólogo… siempre de interior. Lo que a menudo quiere decir lejos. De modas, de circuitos, de trilladas veredas… Un paso por delante, o por detrás, o en alguna otra intravagante dirección… Uno que sea suficiente para que no se nos pueda ver… de otra manera.
Abrimos, pues, hoy una senda en lo escondido. En esa calma con que algunos acometen la furia, de romperse y mostrarse, siempre con absoluta dignidad, aunque no necesariamente con un pacato decoro. Porque esta desnudez intravagante nos parece, sin duda, necesaria. Y delicadamente turbia. Y arriesgada. Y seña de identidad.
Intravagantes.
Nadie dijo que hubiera de ser fácil. Pero sí comprometido. Pero sí desentrañable. Sí desenmascarador.
Nadie dijo. Y por eso nosotras, nosotros, a partir de este momento, lo decimos.